Bajo las Lilas

Love Letters

El Sol está por llegar

Sólo quería decirte que me acorde de ti…

Tuve un par de tardes contigo en los sentidos, antier, ayer y parte de este día. ¿Sabes? No puedo esperar más, ya quiero verte y de nuevo observar tus pupilas dilatándose mientras no paras de hablar, tus historias y tus fantasías sin dejar de sonreír ¡vaya! Como un libro abierto y lo único que entiendo al leer tus labios son tus sonrisas entre líneas.

No volvería a pedir permiso por besarte, solamente haría que sucediera y volver a probar tu sabor a regaliz en los labios. Recorrer con mis manos el mapa de nuestra constelación grabada con lunares en tu enigmático rostro y que no te apartaras sólo por unos instantes.

Tu energía ha venido a visitarme sin avisar y todo ahora se va de mis pensamientos, como el oleaje del mar se aleja de las costas y vuelve aparentemente a cada instante. Igual ocurre con mi espíritu al alejarse de mis instintos, mismos que te intuyen.

Te vi cruzar sobre el cielo, como las blancas aves sobrevolando el horizonte en la lejanía hacia el ocaso, allí dónde el Sol solo espera por ellas para fugarse a otras galaxias juntos.

Tan puntuales como siempre son las aves desde aquellos años. Tal vez tu amor un día vuele con el mío. Y ocurra lo imposible. Como saber con toda certeza que después de la vida, te encontraré sentada entre el público.

No debiste importarme, y tanto, ¡pensé! Sin embargo la casualidad me cedió el don de la locura que vive un amor equilibrista que cruza de la Tierra hasta Venus en una línea tensa compuesta por unos cuantos hilos de años, polvo y luz.

Por que a tu lado entendí la totalidad. Tu risa hizo vibrar todos los rincones de mi corazón, el universo por instantes se cerro y hubo de nuevo caos y alboroto entre las estrellas y las constelaciones. Sagitario galopa confuso y desarmado en los limites de la vía láctea sin arco y sin flechas, no sabe que está enamorado y la luna se marchó con otro.

No se si será posible volvernos a ver, El Sol está por llegar. Y recuerda que a diario algún volcán se despierta, que los sueños salen por la entrada y entran por la ventana. Así como el viento amor. Justo como el viento amor.

Despierto exaltado por que en mis sueños he visto a Venus sin haberla visto antes, la confundí con una estrella. Pero al acercarme a ella me di cuanta que es más grande que la propia luna y en estás líneas todo puede ser más simple si te digo que vi a un dios de amor dentro de tus pensamientos. O por lo menos supe que tuvo que haber algún tipo divinidad, magia o milagro.

Estoy que no me aguanto por verte una vez más y que sin querer, ni darte cuenta me seduzcas, sin ni siquiera coquetearme y que me derritan tus palabras, tu voz y tus caderas, espero explicarme.

Tengo todo este tiempo callando que te amo y mucho.

Como una bella flor nace el amor que siento por ti de nuevo cada vez que me nombras y me miras, este mundo tiene la necesidad de tu belleza, de poner tu nombre en las cavernas, de llevarte a la gloria, de revivir a las estatuas de los parques, de bañarnos en los ríos, de conocer el amor debajo de las sabanas…

Volemos una vez más al igual que dos aves ligeras, veloces e indefensas volemos juntos hacia la eternidad mucho más allá de las banderas y de las fronteras. Volemos hasta formar parte de la Aurora.

Perdámonos repetidamente en nuevos paisajes, aunque vea las manchas de tu silueta desvanecerse en un horizonte de acuarelas y óleos sobre tela.

En medio de una oración pido que tu melodía vuelva a mi porque la música la compuso el tiempo en que estuvimos distantes y como bien sabes la música decide quien la puede tocar.

Porque fue a través de tu mirada que pude sentir el palpitar de otro sol. Y no volví a sentirme sólo.

Los amantes entran y nunca salen pero saben salir de nuestro tiempo y entrar en un futuro con esencia a pasado como se vive el recuerdo de un amor que no pasa aún. Se que nuestro amor inundará los corazones de todas las naciones. Tus emociones estremecerán los corazones de piedra. Y por fin amor nuestro amor formará parte de el paisaje.

Sirena

Te tengo en mis ojos, siempre.

Te quiero prometer que ya nadie te va a humillar. Quiero que sepas que conmigo estás a salvo, te voy a proteger ante todo lo que quiere pisotearte, apagar tu luz.

Siéntete segura de dejar brillar tu luz a partir de hoy y por siempre.

Me preparo y busco lo mejor para ti.

Voy a escucharte siempre.

Perdóname por todo el tiempo que te descuidé. Ahora te enseñaré a conocerte y a quererte. Es todo lo que has necesitado todo este tiempo.

Te quiero querer más.

Sirena.

(Recibida el Jueves 7 Diciembre 2017, Anónimo)

Si me encuentras, no dejes de robarme el aliento.

Habrá tantas perlas en la noche poblando el firmamento, como estrellas sumergidas en la mar. Te seguiré buscando con o sin el tiempo, aunque duren más de seis meses los días y las noches. Pero si los campos de amapolas florecen, sabré que te encuentras bien. ¿Qué destino nos espera al amanecer? Si no existe justicia propongo poesía, ya que la poesía es verdad y la verdad es justicia.

Un espartano acorde quebrantó el silencio absoluto de la noche. El pulso de mi corazón busca una salida, como una bala da a luz desde el vientre de un cañón en medio de una guerra campal sin intervalos de paz. Aprietan mis dedos una sola nota por sobrevivir esta noche. Prisionero de una de tantas guerras he vuelto a ser y el carcelero de mi corazón se tragó la única llave de Sol que abría la ergástula de cuatro paredes en la que estoy justamente ahora.

Génesis de una melodía que evoca a la creación en Mi menor, me encuentro rasgando con brío cinco cuerdas, vaciando la sangre de mi mano en la boca y en la cintura de mi guitarra, al igual que la sangre marrón que brota por las picaduras en el lomo de un toro negro azabache después de recibir punzantes banderillas de colores, esperando mi cuerpo con ansias la muerte sobre el ruedo falleciendo entre aplausos y adrenalina. Es tal la vibración de esta majestuosa acústica que cala mis costillas. No te puedo soltar esta noche Mi menor, no te puedo soltar porque me fundiría con el silencio, jadeando, recordando sus pupilas, su perfil posando frente a mi en el jardín, arrastrando mi cuerpo dos hermosos caballos blancos. Aprieto mis parpados hasta sellarlos, aferrándome a verla eternamente. En esta celda hay mucho más que sólo sangre, hay un acorde que me hace abrazarte hasta donde te encuentres.

Sin que nadie nos perciba. Sin que nadie sospeche, déjame tratarte suavemente esta vez, sólo con la mente. Lléveme, o yo le llevaré a usted. Si dejo de apretar las cuerdas, ya no

sonará el Mi menor que me trajo hasta aquí, no te reconoceré, no sabré quien serás. Olvidé su cara, lo he olvidado todo por completo… ¿A qué nos negamos en el pasado?, ¿A qué nos resistiremos en el futuro? Si me encuentras, no dejes de robarme el aliento. Deja que te cante y escucha mis latidos en Mi menor. Escucha como estallan los latidos de tu propio corazón.

Christian Luna.

Primera luna de Octubre.

Escuchamos juntos el estruendo y salimos por la puerta que da al jardín.

Es un día especialmente soleado, que después de dejarnos llevar por el aroma de las flores y ser testigo de cómo el rocío pende vibrante y cristalino en las puntas de las hojas anaranjadas coqueteando con la gravedad, tu me tomas por el brazo y me llevas con los ojos vendados a recorrer caminando los senderos de la montaña verde olivo, cadenas de montes, que parecen quietos y tu en medio de la naturaleza tan fresca y con tu estilo de diva con el cuerpo desnudo, seduciendo a nadie más que al viento, dejándote acariciar de sombras de nube. Escucho tu risa y tus pies aplastando los pastizales altos.

Se vislumbra un destino astral al caminar y huele a tierra húmeda y hojarasca otoñal, con alfombras rojas hacia las constelaciones de flores ya fecundas. Que terminan al margen de la inmensa laguna donde nos recibieron con la orquesta filarmónica del agua interpretando melodías con el pulso de las piedras.

Te invito a bailar debajo de la cascada, danzando entre otros corazones y otros huesos, balanceando la piel entre luces y sombras, agitando tu cabello pelirroja dama.

Después de bailar nos sentamos al borde de la laguna y recordé la frase de el León que decía: L’uomo è la manifestazione perfetta dell’energia nel grande oceano universale… Con una viva imagen de las cuatro de la tarde, con nubarrones sobre el mar en costas mexicanas.

Mientras tanto niños y niñas nadan por el estanque y corren persiguiéndose en el jardín, ansiosos, mojados, excitados, felices y escurriendo.

Al volver a entrar a la casa campestre por la puerta lateral, una atmósfera cítrica cubría toda la estanza y al anochecer la primer luna de Octubre, vacilante y radiante perforaba las paredes de la casa de campo. Era vida y energía positiva lo que había allí.

Te encontré, me viste y seguiste en medio de un deleite momentáneo.

Es la piel de la naranja y el limón, desolladas con tu sonrisa salvaje, mordiendo y jalando el gajo hacia ti, salpicando las supremas lo más próximo a tus dedos y tus dientes. Huele a naranja este momento.

Los ruidos de la noche, con grillos coordinan caóticamente sus cantos verde aceituna y mientras cantan se bañan con la gota de rocío que por fin se desprende de la rama más alta de este sueño, sacudiéndolo sin lograr despertarme; despertarme de una realidad tan profunda como un ancla en la mar.

Ya te cuento que así fue este último viaje en el cual decidí permanecer loco, viviendo lejos de una realidad en la caminata campestre y espiral del tiempo, refiriéndome al tiempo habitual, el tiempo de nuestra vida y cuando el tiempo finalmente nos otorga la razón, la razón no nos satisface, no nos llena y no nos parece suficiente. Y al marchitar el pensamiento, tus dedos me levantan de la mano y me dices, -Yo estoy viva y tu eres mi fantasía sin razón.

Las estrellas rojas se evaporan al cosmos y bebo a sorbos una copa de vino y después de una cerveza sigo pintando bajo los cerezos orientales, es como estar en un jardín japonés pintando sakuras al pie de la Torre Eiffel.

Me miraste por primera vez de frente a los ojos, apuntándome con el fusil de tus pupilas cuando terminaste de comerte la naranja y fue la música que me presentó a una musa que me sedujo para interpretar la locura en esta primera luna de Octubre.

Esta mañana desperté recostado en la casa campestre, por tímidos rayos de sol y afirmé mi existencia declarando que llegue a través de alguna energía impulsada por el amor, un amor que viaja en la línea del tiempo…

Era ya el medio día, cuando escuche un rugido felino escabullirse en el monte. Note que me dejaste el desayuno con nueces, jugo de arándano y el rojo acero de tus besos en mi frente.

Hasta entonces.

Christian Luna

Siete años.

Siete años… Siete años desde la última vez que te vi, siete desde que me engatusaste con tus frases baratas, guitarra en mano y copas de vino. Siete de celebrar que ya no estoy pendeja, por qué nadie me va a ver la cara cómo lo hiciste tú.

Me usaste y dejaste tirada al par de semanas cuando encontraste a otra inocente que se dejo llevar a tu cama. Me rompiste y escupiste en la cara. Te acuerdas esa tarde después de retozar en tus sábanas que me dijiste “Te puedes ir? Es que va a venir Anaís y quiero con ella”. Cabrón! Eso es lo que eres.

Un año me tomó recuperarme del golpe, de inumerables complejos y baja autoestima.

Te ví por el rabillo del ojo, sentí cómo se me aceleró el pulso, me giré y te miré a la cara. A pesar de que traías lentes sé que nos miramos a los ojos, y sentiste mi repugnancia por que ni huevos para saludarme tuviste.

Que gordo te pusiste. Te ves viejo, desgastado… pero sobretodo gordo. Nada quedó de aquel seductor que conocí. Nervioso pediste tu café y saliste corriendo evitándome.

Con los años había coleccionado frases de odio para decirte el día que te encontrara. Pero después de verte cómo te vi sólo me quede con una cosa en la cabeza:

El orgullo roto se cura, pero los penes minúsculos no.

Tu recuerdo en París

Es esta simbiosis fatal y cargada de sensualidad, la que me hace pensar en tu saliva, revivo cada espacio como quien reanima a un hombre ahogado en la mar, sobre un escenario chico de pueblo, Cada planeta, cada ciudad, cada habitación, vibrando en los rincones de playa, donde nuestros huesos se descubrían así como la muerte se revela con el resquicio de su falda y pasa caminando descubriendo la espina dorsal por el escote de el leotardo color cereza.

En medio de esta noche respiro el viento cenizo, respiro tus recuerdos, es el silencio de la tierra, lo que hace que escuchemos respirar al planeta, exhalando tu recuerdo en Paris, tan simple como un hombre recostado exhalando en la distancia, un hombre que será en soledad porque fue parido por ella. La soledad que se acuesta conmigo en vez de ti con primitivos deseos de mujer con un disfraz de calaveras, sentándose sobre mi pecho detonando desde las costillas, estallando desde el océano de tu saliva. Frente a la catedral del mar. En la vieja Barcelona.

Fueron tus piernas, puede ser que me hayas sentido, y vibren con el zumbido de un abejorro revoloteando en el jardín a un metro de la escena de un ángel decapitado sobrevolando la piscina. Tus huellas descalzas e inocentes dejan sombras empapadas que marcan caminos difíciles de seguir e interpretar. Al salir el rayo solar, a pecho tierra, observo al despertar la sábana de seda carmesí reflejándose en tus afiladas caderas., dos vibrantes navajas empujando suavemente mi lengua, acto seguido colapsan tus labios dentro de los míos y te devoro en la oscuridad. Te iluminas cálidamente dentro de mí cuerpo, titilante luciérnaga, justo cuando la luz abandona la tierra, chocas estallando tus estrellas de frente con las mías. Y después del resplandor que nos cegó, fueron cayendo por todo el piso pétalos azules y verdes de tus manos.

Fuimos amantes, y nos amábamos con demencia. Con besos, con abrazos, deseos con la mirada en blanco. Fuiste el temblor que sacudió el cuerpo que habitaba. Fui la música que te estremeció dentro de un vestido floreado y corto, entraste en mis paisajes, y arrancaste flores y mi naturaleza. Alteraste el orden y el canto de las aves, consumiste la belleza de mi mente con toda tu gracia. Pediste un Gintonic y saliste a la Gran Avenida descalza, ebria e invisible.

Jamás dejara de ser una provocación intermitente, un deseo inevitable, un recuerdo ferviente, Una mujer que incendió a la poseía, con la misma brasa que hizo arder sus labios. La revelación de una mujer febril atractiva y fugaz sobre dos piernas blancas, eternas, y largas. Que se pasean por la ciudad sobre tacones, que me dan de imaginar. Fue inútil esquivar tu sonrisa y tu mirada ambas me desarman. Últimamente de noche a tu paso todo el mundo arde. Todo se ilumina, todo se consume. Ella no es de este mundo. Existe y no es de nadie. Es la simbiosis del espectador que muere ahogado por un amor efímero antes de caer el telón.

Amores Imposibles

Me atrevo a decir que a todos se nos ha roto el corazón, que todos hemos dejado a alguien o alguien nos ha dejado sin razones comprensibles por la cabeza. Esas personas con las que la química y el cariño es perceptible por todos aún con el paso del tiempo pero aún así no estamos con ellas.

Hoy quiero escribir sobre los amores que no pueden ser, los amores correspondidos pero imposibles que en la noche te quitan el sueño, que se te aparecen furtivamente en el olor del café, esa canción o en la cena de tus amigos.

Esos amores que por más que quieras y busques una explicación lógica para dejar de pensar en ellos no puedes. Que aunque los dos tengan una vida hecha no puedes evitar imaginarte giros inesperados en la historia. Fugas a otros países. Besos secretos detrás de puertas cerradas. Roces de mano bajo la mesa. Intercambio de miradas sedientas.

Escribo por que intento sacarte de adentro de mis entrañas, de mi pecho y de mi cabeza. Por que aún hoy no logro pensar en ti y no sentir una añoranza que me estruja por dentro.

Labios Espaciales

Doblaré esta historia hasta lograr un avioncito y aventarlo al abismo de alguna desavenencia para verlo descender suavemente, para verlo desaparecer.

Descender tal vez sea un fenómeno visual, descender de cabeza seguramente nos elevaría más allá del firmamento.

Cuando yo creo en tu vuelo ligero, vuelo.

Es negar el oxígeno habitual que penetra en los pulmones, es tan sólo llenarse de ti en un cielo de agua es ser ese pez con alas desesperadas es ir de frente al sol y no frenar, es atravesarlo y ser tu ave preciosa amigo del fénix, aprendiz de ese fuego eterno que lanza tu mirada tímida, niña.

Verte volar es el estallido de tu sonrisa. Detonante comisura, vuelo, en mil pedazos vuelo para llegar a tus labios los más vivos, labios espaciales con besos por constelaciones con magia por fantasía, sensibles, carne viva, vuelo cerca de aquél ósculo, naufragado en mi mejilla, varado en mi memoria, anclado en el deseo de volver a saber de él, fue precioso.

“Volando vuelo, volando voy” a poder encontrarte en medio de un océano febril a verte detrás del mar  con pensamientos a la deriva, víctima del oleaje, peinándote los recuerdos de el viejo viaje acariciando las aguas con tus yemas de sal, haciéndola aún más salada recordándole al viejo océano quién es y qué eres de él.

Ave preciosa, ave de colorido revoloteo, es perfecta la extensión de tus alas tímida mariposita nunca te alejes de este cielo lleno de peces, porque eres fantasía con alas de realidad, eres luz y color de peces ciegos ícono de noche y de día, de las sombras. Eres la luz de mi vida. Con el cuerpo invisible cruzarás fronteras, llegarás de un lugar a otro sin ningún problema, volarás tan alto que te perderás con la lluvia serás una nueva, extraña especie, seductora de investigadores, de la ciencia, del futuro… ¿qué te puedo decir?

Siendo uno invisible se pueden lograr muchos objetivos, pero… escucha bien, con esos colores que definen tu silueta, que definen tu esencia, de eso tan bonito que tienes en el alma llegaras más allá de lo simple y complejo entendiendo cada cosa, palabra o señal.

Eres mi fuente eres mi niña eres Sabina.

 

Christian Luna

 

El vacío que dejamos

Esta tarde me di cuenta, entre otras cosas, que he sido arrogante y egoísta.

La primera por creerme mejor que todos los demás ó demasiado buena para todo. La segunda por pensar sólo en mi, en qué me facilitaría la vida, qué es lo que a mi me hace sentir bien… Sin considerar lo que puedo causar en los demás.

A pesar de ser estos dos defectos tan evidentes, no era plenamente consciente de ellos. Este año lo cierro decidida a mejorar al menos esos dos aspectos de mi personalidad. También a ser más honesta y a defender lo que creo y lo que siento.

Te quiero pedir desde el fondo de mi corazón las más sinceras disculpas por todos los malos ratos que te he hecho pasar.

Espero que este nuevo ciclo te llene de la seguridad que no sentiste conmigo y sobre todo claridad, tal vez esta última para es para mí, pero también deseo que la tengas para tomar todas tus decisiones.

Que el vacío que dejamos al no estar juntos se llene de luz, qué si no es nuestro destino llenarlo, llegue alguien que si lo haga.

Te quiere,

XXX

La tierra de la nostalgia

Hace un par de días platicando con Stephy salió al tema las cartas de amor, fue breve la conversación, pero la idea se quedó rondando por mi mente. No he escrito ni recibido muchas cartas a lo largo de mi corta vida. Sin embargo, ligué la idea con que hace unos meses me sugirieron escribir una carta a una persona que pronto se va una temporada al otro lado mundo; una persona con la que tuve contacto desde mi niñez pero hasta este año pude conocerla mejor. Una persona que si tuviera que ser un animal sería un pato.

Es curioso esa necesidad de sacar el nudo de la garganta, estar frente a frente y que el silencio obtenga protagonismo. Generalmente no me cuesta expresarme, digo lo que siento y pienso; tal vez abuso tanto de esto que cuando verdaderamente debo hacerlo, mi voz decide enmudecer. Creo que sí tiene que ver un poco con el orgullo, con no tener que ser yo la que dé ese paso -incial o conclusivo en la mayoría de las ocasiones-, evitar quedar en ridículo o no ser la chica que se está “intenseando”. Aunque puede ser miedo de que las palabras sean tan inadecuadas que arruinen todo lo ya vivido. Es en estos casos cuando entiendo la vitalidad de una carta.

¿Por qué un pato? Porque puede nadar, caminar y volar.

Me enamoró. No le tomó ni dos segundos responder. Parecía hasta ensayada su respuesta. Comprendí que es una persona que se conoce, con una paz interna inmensa y una curiosidad por entender el mundo.

Para mí de eso se trata estar en pareja, aprender del otro. Compartirse. Recuerdo que una vez le mandé un fragmento de un libro:

“Normalmente tu energía es como un arroyo burbujeante, rebotando contra las rocas, y la suya es como el océano, con las olas entrando y saliendo. Cuando estáis juntas, tú eres más como el océano, y ella es más como un arroyo burbujeante. Ella te calma y tú reactivas su travesura” – Un verano con los duendes

Ese pequeño fragmento resumía el cómo me sentía estando con él. No cambiaría ni un segundo.

Ya se imaginarán mi estado cuando llegué a este hermoso lugar; una tranquilidad lo adorna desde el fondo del lago hasta las copas de los árboles. Al llegar inmediatamente saqué mi cámara y empecé a seguir a los todos los patitos que me encontraba en el camino, ninguno se dejó retratar. Fue hasta el final, después de haber disfrutado debajo de sus heladas aguas, que los tonos magentas del cielo en sinfonía con el cian del agua me guiaron con mi camarita análoga en este espacio. Debo admitirlo, mientras hacia estas fotografías no dejaba de imaginarlo conmigo en esta tierra de nostalgia. Además que los patos a mi alrededor me le recordaban constantemente. Donde las letras se transforman en pixeles.

Lago de Camécuaro, Michoacán.

Canción recomendada: https://www.youtube.com/watch?v=fDjvatOx34o

“Sin extrañar a su parvada ni los fluctuantes cielos, se quedó impasible donde la tierra lo acogió”